18-06-2026
Durante décadas, viajar a la Antártida o al Ártico fue una experiencia reservada para exploradores, científicos o un segmento muy reducido de viajeros de alto poder adquisitivo. Hoy, el panorama comienza a cambiar. La búsqueda de experiencias auténticas, el interés por la naturaleza y una mayor conciencia ambiental están impulsando una nueva generación de viajeros hacia algunas de las regiones más remotas del planeta.
Para Taylor Hess, Senior Area Sales Director de Quark Expeditions, este fenómeno también es visible en América Latina y particularmente en México, donde los viajeros muestran una creciente disposición a invertir en experiencias transformadoras que trascienden el concepto tradicional de lujo.
Los viajeros mexicanos están redefiniendo sus prioridades. De acuerdo con Hess, cada vez existe una mayor preferencia por experiencias únicas vinculadas con la naturaleza y la observación de vida silvestre, una tendencia que también se refleja en el crecimiento del interés por destinos como África, la Antártida y el Ártico.
“Las regiones polares se encuentran entre los últimos territorios verdaderamente salvajes del mundo y ofrecen encuentros con la fauna difíciles de igualar en cualquier otro destino”, explica.
Sin embargo, el crecimiento de la demanda plantea desafíos importantes para una industria que opera en algunos de los ecosistemas más frágiles del planeta. Hess sostiene que el equilibrio entre turismo y conservación depende de una combinación de regulación, operación responsable y educación.
Las expediciones de Quark operan bajo los lineamientos de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO) y la Asociación de Operadores de Cruceros de Expedición del Ártico (AECO), organismos que establecen límites de desembarco y protocolos para minimizar el impacto ambiental.
“Priorizamos expediciones cuidadosamente gestionadas que permitan ofrecer experiencias más enriquecedoras para cada huésped”, señala.
La estrategia también incluye convertir a los viajeros en participantes activos de la conservación. A través de programas educativos, e interacción con científicos y especialistas a bordo, los pasajeros obtienen una visión más profunda de los cambios que experimentan las regiones polares debido a factores como el cambio climático.
“Esa experiencia suele traducirse en una mayor conciencia ambiental y en un compromiso duradero con la conservación”, afirma.
La compañía también monitorea sus emisiones mediante metodologías internacionales y utiliza indicadores específicos por huésped para identificar oportunidades de mejora en eficiencia operativa. La educación científica es, de hecho, uno de los pilares del modelo de expedición. Durante cada travesía, los viajeros participan en conferencias, sesiones informativas y actividades lideradas por expertos que explican fenómenos relacionados con la fauna, el hielo y las investigaciones que se desarrollan en estas regiones.
Además, Quark colabora con investigadores al facilitar espacios y logística para proyectos científicos en zonas remotas. La empresa también mantiene comunicación permanente con comunidades locales para alinear sus operaciones con las prioridades y necesidades regionales.
La seguridad constituye otro de los factores diferenciales en un segmento donde las operaciones se desarrollan en entornos extremos. Hess recuerda que, desde su primera expedición en 1991, la compañía ha construido protocolos específicos para operar en algunas de las geografías más complejas del mundo.
Cada viaje cuenta con un médico a bordo y se realiza en embarcaciones reforzadas para el hielo. Las travesías incluyen simulacros obligatorios, capacitación continua para los pasajeros y procedimientos especializados para actividades como desembarcos, navegación en Zodiac y operaciones en helicóptero.
“Nuestra flota supera los requisitos internacionales establecidos por SOLAS y todos nuestros equipos de expedición cuentan con certificaciones especializadas para operaciones polares”, explica.
La pandemia también modificó la percepción de los viajeros respecto a la salud y la gestión de riesgos. Aunque la seguridad siempre formó parte del ADN de la empresa, Hess reconoce que hoy existe una mayor valoración de los protocolos médicos, las medidas de prevención y la preparación operativa.
En términos comerciales, los asesores de viaje continúan desempeñando un papel central en la comercialización de expediciones polares. Según el directivo, los viajeros latinoamericanos siguen privilegiando el acompañamiento especializado, especialmente en itinerarios complejos que involucran seguros, conexiones internacionales y logística especializada.
“Los asesores aportan conveniencia, conocimiento y acceso a beneficios exclusivos que muchas veces no están disponibles para quienes reservan directamente”, comenta.
Mirando hacia la próxima década, Hess anticipa una evolución en la forma en que se conciben los viajes polares. Más que un crecimiento basado en volumen, prevé una demanda orientada hacia experiencias con mayor contenido educativo, científico y de interpretación del entorno. “Los viajeros quieren comprender lo que están viendo, no solo experimentarlo”, afirma.
En su opinión, la credibilidad será uno de los activos más importantes para las empresas del sector. La transparencia, la colaboración con científicos y comunidades locales, así como la disciplina operativa, pasarán de ser elementos diferenciadores a requisitos fundamentales para competir.
Como resultado, las expediciones polares podrían volverse más selectivas. No necesariamente por una cuestión de lujo, sino por el nivel de preparación, interés y compromiso que demandarán de los propios viajeros. “Los viajes polares del futuro requerirán más intención. La experiencia seguirá siendo extraordinaria, pero también será cada vez más consciente”, concluye.
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quarkexpeditions.com




