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“Las mujeres aportamos una mirada más integral a la hospitalidad”

Mónica Ortiz asume la dirección de Rosewood San Miguel de Allende con una visión centrada en la experiencia humana, la sostenibilidad y el impulso al talento femenino; platicamos con ella.
Por: Jessica Servín
25-03-2026

Luego de una trayectoria internacional en la hotelería de lujo, Mónica Ortiz regresa a México para asumir la dirección general de Rosewood San Miguel de Allende. Su nombramiento no solo marca un nuevo capítulo para uno de los hoteles más emblemáticos del país, sino también un paso relevante en la presencia femenina en posiciones de liderazgo dentro de la industria turística. Con una visión que combina hospitalidad auténtica, desarrollo de talento y compromiso con la comunidad, Ortiz busca reforzar el vínculo entre el hotel y el destino, al tiempo que impulsa una cultura organizacional más humana e inclusiva.

Ortiz lo describe como una coincidencia perfecta entre experiencia, oportunidad y propósito. Este año cumplirá 13 años dentro del grupo hotelero, una trayectoria que ha estado marcada por posiciones estratégicas en distintos destinos internacionales. “Fue una experiencia extraordinaria”, recuerda. Sin embargo, al concluir ese ciclo, decidió tomarse un momento para reflexionar sobre su siguiente paso profesional. “A veces las cosas simplemente se alinean. Yo pensaba que mi siguiente destino sería en otro país, pero surgió esta oportunidad y todo encajó”.

Su regreso a México se dio mientras participaba en la apertura de un hotel en Mandarina. En ese momento no imaginaba que su siguiente capítulo estaría nuevamente en su país de origen. Hoy, al frente de Rosewood San Miguel de Allende, reconoce que el reto es tan grande como estimulante. “Me siento muy contenta de poder regresar a México y representar lo que nuestro país significa ante el mundo”, afirma.

El nombramiento también tiene un componente simbólico importante. Es la primera vez que una mujer mexicana dirige este hotel. “La responsabilidad que siento es muy fuerte”, reconoce. “Pero también es un orgullo poder representar a México y hacerlo dentro de una compañía como Rosewood”.

Su visión para el hotel está profundamente vinculada con el destino. Para Ortiz, el verdadero lujo no se limita a la infraestructura o al servicio, sino a la capacidad de generar una conexión emocional con el lugar. “San Miguel de Allende es un destino extraordinario, que se ha dado a conocer a nivel mundial gracias al esfuerzo de toda su comunidad”, explica. “El hotel tiene que ser parte de esa historia”.

En ese sentido, su objetivo es que la experiencia del huésped refleje la esencia cultural del país. “No se trata solo de ofrecer lujo, sino de transmitir algo significativo sobre México”, señala. “Queremos que cada experiencia, ya sea para huéspedes, visitantes o para la propia comunidad, refleje quiénes somos: auténticos, cercanos y profundamente humanos”. Esa visión también se manifiesta en su definición de hospitalidad: “La hospitalidad debe sentirse genuina, accesible y humana. Ese es el sello que distingue a México y que queremos que cada persona perciba cuando nos visita”.

Desde el punto de vista estratégico, Ortiz está alineada con la nueva etapa de crecimiento de la marca, que actualmente cuenta con más de 45 hoteles alrededor del mundo y atraviesa una fase de evolución interna que la compañía denomina Rosewood 3.0. Dentro de ese marco, su enfoque se centra en tres ejes principales: la experiencia del huésped, la reputación del hotel y el impacto en la comunidad.

“La experiencia del huésped es fundamental”, explica. “Cuando una persona viaja, deja por un momento su vida cotidiana y se abre a nuevas sensaciones. Nosotros tenemos la responsabilidad de cuidar ese tiempo, porque el tiempo de un huésped es oro”. Para Ortiz, la hospitalidad contemporánea exige una mirada más profunda sobre el concepto de lujo. “Hoy el lujo ya no se define por el exceso”, afirma. “Para nosotros tiene mucho más que ver con el tiempo, el bienestar y la conexión”.

El verdadero valor de una estancia, explica, radica en los elementos intangibles. “Cómo se siente tratado el huésped, cómo respetamos su individualidad y cómo logramos que conecte con el destino. Eso es lo que realmente marca la diferencia”. La sostenibilidad también ocupa un lugar central en su gestión. El hotel trabaja activamente con proveedores locales y busca minimizar su impacto ambiental a través de procesos responsables. Además, el año pasado participó en el programa interno Trailblazers de Rosewood, una iniciativa que impulsa nuevos estándares de sostenibilidad dentro del grupo.

Ortiz participó previamente en la implementación de este programa en Bahamas, una experiencia que describe como particularmente desafiante. “Era un entorno donde la infraestructura ambiental aún estaba en desarrollo, así que tuvimos que construir muchas soluciones desde cero”, recuerda. Esa experiencia ahora le permite impulsar mejores prácticas en México.

Sin embargo, cuando se le pregunta por el verdadero valor diferencial de Rosewood, su respuesta vuelve a centrarse en las personas. “Todo empieza con el equipo”, afirma. “Desde el momento en que contratamos a alguien, buscamos que tenga el corazón en el lugar correcto”.

El proceso de selección dentro del hotel es particularmente riguroso porque, explica, la hospitalidad se construye a partir de la integridad de quienes la ejercen. “Hay puestos como housekeeping que trabajan en la intimidad de las habitaciones, muchas veces sin supervisión directa. Sabemos que harán lo correcto porque elegimos cuidadosamente a las personas que forman parte del equipo”.

Incluso los errores forman parte del aprendizaje. “Muchos de nuestros huéspedes más leales comenzaron siendo huéspedes a quienes tuvimos que resolverles una situación complicada”, comenta. “Lo importante no es evitar el error, sino cómo lo solucionas”.

Más allá de los objetivos operativos, Ortiz también tiene claro el impacto que quiere generar dentro de la organización. “Mi legado tiene que ver con las personas”, dice. “Si yo puedo brillar es gracias al equipo que tengo”.

Su propia historia personal influye profundamente en esa visión. Proviene de una familia humilde y considera que su carrera es una prueba de que las oportunidades pueden transformar vidas. “Si yo pude hacerlo, muchas otras personas también pueden”, afirma. Ese enfoque también se relaciona con su visión sobre el liderazgo femenino dentro de la industria. Aunque reconoce que personalmente no ha enfrentado grandes barreras por ser mujer, sí recuerda momentos de duda cuando comenzó a ocupar posiciones directivas. “A veces nuestros mayores obstáculos están en nuestras propias dudas”, reflexiona.

Hoy considera que el empoderamiento va más allá de ocupar un cargo. “Para mí empoderar es tener una voz y la capacidad de generar oportunidades para otros”, explica. En el hotel impulsan programas de formación y colaboración con escuelas locales para acercar a jóvenes a la industria de la hospitalidad. La idea es que puedan imaginar nuevas posibilidades para su futuro profesional. “Para mí eso también es empoderamiento”, dice. 

Sobre el liderazgo femenino, Ortiz considera que aporta una mirada particularmente valiosa en la industria turística. “Las mujeres solemos tener una visión muy integral y colaborativa”, explica. “Eso ayuda a construir organizaciones más humanas”.

En cuanto al avance de las mujeres en el sector, su diagnóstico es optimista pero realista. “Estamos avanzando”, afirma. “Cada vez vemos más mujeres en posiciones de liderazgo, aunque todavía queda camino por recorrer”. Para la directora de Rosewood San Miguel de Allende, lo importante es seguir generando espacios de desarrollo y visibilidad. Y también recordar que las grandes transformaciones dentro de la industria empiezan desde dentro de las organizaciones.

CONTACTO
rosewoodhotels.com

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