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La Opinión

La inclusión debe ir más allá del marketing de junio

Rodrigo Betancourt, PR de turismo y hoteles de lujo.
Por: Redacción BT
22-06-2026

Rodrigo Betancourt

PR de turismo y hoteles de lujo

Hace unas semanas llegó a México la iniciativa Rainbow Flight de Air France, una acción que busca visibilizar el compromiso de la aerolínea con la diversidad y la inclusión. Lo más revelador fueron los comentarios discriminatorios en redes sociales, que demostraron que la LGBTfobia sigue presente y que este tipo de iniciativas continúa siendo necesario.

Y si hay una industria que debería entender la inclusión de manera natural, es la del turismo. Al final, la hospitalidad consiste en hacer que las personas se sientan cómodas, seguras y bienvenidas. Para lograrlo, no basta con colocar una bandera arcoíris o presumir un certificado gay friendly. La verdadera inclusión se construye a través de la sensibilización y la capacitación constante de los equipos de servicio.

Todavía el fin de semana pasado, en un cantabar de Polanco, a un conocido no le permitieron entrar por “la cadena”, presuntamente por ser gay y no cumplir con los estándares de belleza impuestos por el lugar.

La inclusión también representa una oportunidad de negocio. El turista LGBT constituye un mercado global con alto poder adquisitivo y una gran afinidad por los viajes. Los viajeros valoran cada vez más a las marcas que entienden la diversidad como una fortaleza. En un mercado tan competitivo, generar confianza puede ser tan importante como ofrecer una suite espectacular o una experiencia gastronómica de primer nivel.

A lo largo de mi trayectoria he trabajado con empresas y destinos que integran la inclusión más allá del marketing de junio, incorporándola de manera natural a su estrategia anual y demostrando un interés genuino por impulsar un cambio de conciencia. Casos como Tahití, con su histórica aceptación de la diversidad de género, o Tel Aviv, cuya Semana del Orgullo es una de las más grandes del mundo y atrae a cientos de miles de visitantes (¿quién lo pensaría?), demuestran que la inclusión puede convertirse en un valioso activo turístico y cultural.

Durante años, el turismo inclusivo se relacionó principalmente con la eliminación de barreras físicas: instalar rampas o habilitar baños accesibles. Hoy, el reto es mucho más amplio. Aunque ya existen pabellones LGBT en ferias de turismo y campañas específicas para este segmento, para generar un cambio real no hay que segmentar el mercado, sino integrarlo. No todas las personas LGBT quieren hospedarse en hoteles orientados exclusivamente a este público o viajar en grupos LGBT.

Para mí, lo más bonito del turismo es la diversidad, especialmente la diversidad de pensamiento. Es con una mente abierta como verdaderamente se disfruta el mundo.



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