30-03-2026
México atraviesa un momento de consolidación dentro del turismo de alto nivel, impulsado por una combinación de atributos difícil de replicar en otros mercados. “Tiene una combinación que pocos destinos logran: cultura, naturaleza y una infraestructura que ha evolucionado muchísimo en los últimos años”, señala Afonso Cunha, gerente general de Banyan Tree Mayakoba. Sin embargo, más allá de la oferta, identifica un cambio estructural en la demanda: “Lo que realmente ha cambiado es el viajero”.
En esta entrevista exclusiva, el directivo explica que el huésped premium ha dejado de priorizar únicamente el descanso. “Hoy vemos un huésped mucho más consciente. Ya no viene solo a descansar; viene a reconectar, a entender el lugar, a vivir algo que tenga sentido”, afirma. Este giro, añade, está redefiniendo la forma en que se diseñan las experiencias dentro de la hospitalidad de lujo.
En el caso de Banyan Tree, el enfoque parte de una visión integral del bienestar. “Siempre hemos trabajado desde el bienestar como un concepto amplio, no solo en lo físico”, dice Cunha. En un entorno como Mayakoba, donde la naturaleza es protagonista, la estrategia consiste en construir a partir del contexto. “Lo natural es construir a partir de ella”.
Bajo esta lógica, experiencias como el ecotour adquieren un nuevo significado. “Es algo muy sencillo, pero muy poderoso. Es una forma de entender el entorno, de ver la biodiversidad que existe en el propio resort, de conectar con el lugar desde otro ritmo. No es una actividad, es una pausa”, describe. A ello se suman iniciativas participativas como el taller de papel reciclado, donde el huésped se involucra directamente. “Entiende de forma muy tangible nuestros esfuerzos en sostenibilidad y al mismo tiempo, se lleva algo hecho por él mismo. Eso genera otro tipo de conexión”.
Para Cunha, la clave está en evitar la sobreproducción de la experiencia. “No se trata de añadir elementos locales como complemento, sino de diseñar desde el contexto”, sostiene. Aunque aclara que hay un elemento que no está sujeto a reinterpretación: “El estándar de servicio nunca se negocia”. El desafío, dice, es lograr que todo “se sienta orgánico, no excesivamente diseñado”.
Esta misma lógica se extiende a la propuesta de valor. “Hoy, el huésped no necesita más opciones; necesita mejores experiencias. Más relevantes, más personales”, afirma. En este sentido, identifica tres ejes de evolución: bienestar, gastronomía y privacidad. Sobre el primero, puntualiza que “ya no es solo un spa; es cómo acompañas al huésped en su proceso”. En cuanto a la oferta culinaria, el objetivo es ir más allá de la ejecución: “Buscamos una narrativa”.
No obstante, es la privacidad la que ha cobrado mayor relevancia en los últimos años. “El concepto de villa, de espacio propio, ha adquirido otra dimensión. El huésped quiere sentirse en su entorno, pero con un nivel de servicio muy alto. Ese equilibrio es fundamental”, explica.
La pertenencia a un desarrollo como Mayakoba también ha redefinido la visión estratégica del grupo. “Ya no se trata de proyectos individuales que conviven en un mismo espacio, sino de un destino que se construye intencionalmente, con una visión compartida”, afirma. Esto implica, añade, una responsabilidad que trasciende la operación interna: “Hay una responsabilidad colectiva en cómo se protege el entorno, en cómo se mejora la experiencia del huésped y en cómo se mantiene la coherencia del destino”.
Desde su perspectiva, este modelo obliga a una toma de decisiones distinta. “Te obliga a ser más consciente, más consistente y más colaborativo”, sostiene. Y deja un aprendizaje central para la industria: “El verdadero valor no está solo en lo que haces dentro del hotel, sino también en cómo contribuyes al destino”.
Este cambio también impacta directamente en la forma en que los hoteles construyen su propuesta. “El enfoque ya no está solo en el producto, sino en la experiencia completa”, apunta. En ese proceso, el factor humano se vuelve determinante. “Son quienes realmente traducen la visión de la marca en experiencias tangibles… Al final, la diferencia no está solo en lo que ofrecemos, sino en cómo lo hacemos sentir”.
De cara al futuro, Cunha anticipa una nueva etapa para el lujo en México y el Caribe. “Durante mucho tiempo, la conversación giró en torno al bienestar o la sostenibilidad… hoy ya no definen la decisión”, advierte. En su lugar, emerge una demanda por experiencias más íntimas y personalizadas. “El huésped busca algo más personal. Más íntimo”.
En este contexto, conceptos como el “private living” ganan terreno. “No es solo dónde te quedas, sino cómo vives ese lugar”, explica. Para México, considera, existe una ventaja estructural difícil de igualar. “No necesita construirse, ya tiene una identidad muy clara. Cultura, historia, naturaleza: todo está ahí”.
El reto, concluye, será mantener esa autenticidad sin sobrediseñar la experiencia. “Dejar que el destino hable por sí solo”.
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