BUSCADOR
La Opinión

El verdadero valor del turismo de lujo

María Laura Padilla, Global Marketing Director at The Palace Company.
Por: Redacción BT
16-10-2026

María Laura Padilla

Global Marketing Director at The Palace Company

¿Qué vende realmente el turismo? ¿Viajes? ¿Vuelos? ¿Nuevos lugares? Para mí, va mucho más allá. Viajamos por las emociones que estos escapes de la rutina generan. Tal vez un viaje te acerca a tu pareja, te ayuda a reconectar con tu abuelo o te permite estar en silencio y volver a escuchar tu alma. Tal vez te vuelve más atrevido o te hace recalcular tu vida. Sea cual sea la emoción, existe un segmento que busca ayudarte a vivirla de una manera más cómoda y especial: el turismo de lujo.

En 2026 vale la pena preguntarnos: ¿Cómo se ve realmente el lujo? Antiguamente se asociaba con excesos y opulencia; con todo aquello que pareciera gritar: “¡Por favor, voltéame a ver!”. Pero hoy el verdadero lujo está en otras cosas. Ya no se trata de quién tiene el mejor mármol en su lobby, sino de quién ofrece el mejor servicio; quién se fija en los detalles; quién realmente cuida a su cliente y quién consigue que quiera regresar. Todo radica en los pequeños detalles, no en lo brillante ni en tener en una cava un Vega Sicilia 1964 para que un huésped (que quizá no tiene ni idea de enología) lo suba a Instagram.

Esta nueva definición del lujo es, paradójicamente, más cara y difícil de conseguir que la antigua. Porque una sonrisa, un detalle personalizado o un “buenos días” de corazón no tienen precio.

Detrás de esa experiencia está el personal: personas motivadas, valoradas y con una pasión genuina por ayudar al prójimo. Sí, la hospitalidad es una vocación. Ese fuego interno no se puede comprar, pero sí identificar, reclutar, desarrollar y retener. Ese es uno de los mayores retos del turismo de lujo: construir una plantilla capaz de crear una experiencia por la que un huésped pague un premium. Porque cuando cuidas a tu equipo, inevitablemente se refleja en cómo este apapacha a tus clientes.

Existe una desconexión social creciente y una necesidad enorme de sentirnos vistos, escuchados y acompañados. En Japón incluso hay servicios en los que las personas pagan por tener compañía: rent-a-person. Aunque estemos más conectados que nunca, también estamos solos. Y quizá ahí se encuentre el verdadero valor del turismo de lujo: no solamente en ofrecer una habitación más grande, mejores sábanas o una botella más cara, sino en conseguir que, durante unos días, alguien se sienta genuinamente cuidado. En un mundo en el que la atención humana se está convirtiendo en un bien cada vez más escaso, hacer sentir a alguien visto, escuchado y especial puede ser el mayor lujo de todos.


Relacionados
Suscríbete a
nuestro Newsletter
MANTENTE AL DÍA

Recibe noticias, artículos y la agenda de nuestros próximos eventos.